miércoles, 29 de mayo de 2013

El jardín secreto



Estreno en Buenos Aires, Jueves 6 de junio 
El jardín secreto
documental sobre la poeta Diana Bellessi
Dirigido por Cristián Costantini, Diego Panich y Claudia Prado.
Jueves de junio 19,30 hs.
Centro Cultural de la Cooperación
Av. Corrientes 1543 - Ciudad de Buenos Aires

lunes, 27 de mayo de 2013

Lectura de sábado


¡Imperdible y muy recomendado!


Diez consejos para jóvenes escritores


-por ETGAR KERET-

1. Asegúrate de que disfrutas escribir.
A los escritores siempre les gusta decir lo difícil que es el proceso de escritura y cuánto sufrimiento les produce. Están mintiendo. A la gente no le gusta admitir que vive de algo que de verdad disfruta.
Escribir es una manera de vivir otra vida. Muchas otras vidas. Las vidas de incontables personas que nunca has sido, pero que son tú por completo. Cada vez que te sientes y te encuentres con la página en blanco y lo intentes –aun cuando no tengas éxito– agradece la oportunidad de expandir los alcances de tu vida. Es divertido. Es groovy. Es dandy. Y no dejes que nadie te diga lo contrario.

2. Ama a tus personajes.
Para que un personaje sea real, tiene que haber por lo menos una persona en este mundo capaz de amarlo y entenderlo, sin importar si le gusta lo que el personaje hace o deja de hacer. Tú eres la mamá y el papá de los personajes que creas. Si tú no puedes amarlos, nadie podrá.

3. Cuando escribes no le debes nada a nadie.
En la vida real si no te comportas puedes terminar en la cárcel o en un hospital psiquiátrico, pero en la escritura todo se vale. Si en tu cuento hay un personaje que te atrae, bésalo. Si en tus historias hay una alfombra que odias, préndele fuego justo en medio de la sala. Cuando se trata de escribir, puedes destruir planetas enteros y erradicar civilizaciones completas con sólo presionar una tecla, y una hora después, cuando la viejita del piso de abajo te encuentre en el pasillo, ella te va a decir hola de todos modos.

4. Empieza siempre por en medio.
El principio es como el borde quemado de un pastel que tocó el molde. Lo necesitas sólo para empezar, pero no es realmente comestible.

5. Intenta no saber cómo acaba.
La curiosidad es una fuerza poderosa. No la dejes ir. Cuando vas a escribir un cuento o un capítulo, toma el control de la situación y de los motivos de tus personajes, pero siempre déjate sorprender por los giros en la trama.

6. No uses nada sólo porque «así es siempre».
Los párrafos, las comillas, los personajes que se llaman igual a pesar de haber cambiado de página: todo eso son sólo convenciones que existen a tu servicio. Si no te sirven, olvídate de ellas. El hecho de que una regla en particular funcione en todos los libros que has leído no quiere decir que también funcione en el tuyo.

 7. Escribe como tú mismo.
Si intentas escribir como Nabokov, siempre habrá por lo menos una persona (cuyo nombre es Nabokov) que lo hará mejor que tú. Pero cuando se trata de escribir como tú escribes, tú siempre serás el campeón mundial de ser tú mismo.

8. Asegúrate de estar solo cuando escribes.
A pesar de que escribir en cafeterías suene romántico, tener gente a tu alrededor probablemente hará que te comportes, te des cuenta o no. Cuando no hay nadie cerca, puedes hablar solo o sacarte un moco, incluso sin darte cuenta. Escribir es una especie de ese hurgar en la nariz, y cuando hay gente cerca, la tarea puede volverse menos natural.

9. Deja que las personas a las que les gusta lo que escribes te den confianza.
Y trata de ignorar a todos los demás. Lo que sea que hayas escrito simplemente no es para ellos. No te preocupes. Hay muchos otros escritores en el mundo. Si buscan lo suficiente, seguro que encontrarán a uno que cumpla sus expectativas.

10. Oye lo que todos tienen que decir, pero no escuches a nadie (sólo a mí).
La escritura es el terreno más privado en el mundo. Así como nadie puede enseñarte realmente cómo te gusta el café, nadie puede enseñarte realmente cómo escribir. Si alguien te da un consejo que suena bien y que se siente bien, úsalo. Si alguien te da un consejo que suena bien, pero que se siente mal,  no pierdas ni un segundo en él. Puede funcionar para alguien más, pero no para ti.

(Bonus)
11. Amor difícil.
El «bloqueo del escritor» es un término inventado por escritores muy consentidos y quejumbrosos para referirse a los periodos en que no se sienten inspirados. La asunción que se esconde tras este término es que la creatividad es una fuente eterna y con máxima potencia, por lo que si en determinado momento queremos escribir pero nada excepcional sale del otro lado de nuestro teclado o de nuestra pluma, debe haber alguna falla obstruyendo el ciclo natural de la creatividad continua.
Me gustaría plantear una perspectiva alternativa. La creatividad, como el amor, es un regalo. Y no te dan regalos todo el tiempo. Si vas a una cita y no te gusta el chico o la chica con el que saliste, no es que estés experimentando «bloqueo del enamorado»–sino que simplemente no estás amando en ese preciso momento, y si eres lo suficientemente paciente experimentarás amor en el futuro (probablemente en el lugar y la hora en que menos lo esperes). Si no escribes bien, sigue escribiendo cosas malas (no te preocupes, la mala escritura es completamente ecológica –no daña la capa de ozono ni hace que te de cáncer). Si se vuelve muy frustrante, deja de hacerlo –mejor juega bádminton, colecciona aviones a escala, o haz todas esas cosas que hace la gente que no escribe. Pero principalmente, espera pacientemente. (Pacientemente, en oposición a impacientemente, o enojadamente, o amargadamente –porque esa clase de espera no lleva a la buena escritura en el futuro. La paciencia sí.)
Escribir no es un hábito. Es una forma de expresión única. Y nadie te debe esa experiencia especial todos los días o semanalmente. Pero si haces un esfuerzo, en su ausencia, por seguir viviendo tu vida y experimentar nuevas cosas, eventualmente regresará. Y cuando lo haga, disfrútala tanto como puedas, antes de que se vaya otra vez.

[*] Traducción de José Miguel Rentería, con permiso del autor. Estos consejos estaban hasta ahora inéditos en español.

Etgar Keret (Israel, 1967) escribe cuentos, novelas, comics, guiones y es director de cine. Se lo considera uno de los narradores más exitosos de la literatura israelí contemporánea. La gran cantidad de premios, su reconocimiento internacional, y la traducción de sus libros a más de 30 idiomas dan cuenta de este suceso. En el 2007, ganó el premio Cámara de Oro a la Mejor Opera Prima en el Festival de Cannes por su película Medusas. En Israel, suscita adoración pero también polémicas y críticas feroces (especialmente por el sector más conservador). Actualmente es profesor adjunto en el departamento de Cine y Televisión de la Universidad de Tel Aviv.


sábado, 25 de mayo de 2013

Bilembambudín (El último mago)

Mis tíos me habían llevado al teatro. De vestido nuevo, de esos que más bien parecen de cristal, tanto hay que cuidarlos cuando una es chica y está entre personas mayores. De zapatos con tiritas, nuevos también y -debido a lo mismo- antipáticos por lo rígidos, no importa cuánto brille su charol.

No me sentía muy cómoda que digamos, con el largo pelo castigado en dos prolijas trenzas y obligada a comportarme "como una señorita" durante tres horas de mis nueve años. Por eso, cuando el anunciador dijo que un mago saldría a escena hasta que se solucionara no sé qué problema que tenían con los decorados de la obra que se iba a representar, me sentí contenta.

Pero mis tíos no. Y la gente que colmaba palcos y platea, tampoco.

Me di cuenta porque un murmullo de fastidio recorrió la sala.

El mismo murmullo que recibió al viejo mago Jeremías, en cuanto apareció sobre el escenario.

Sonriente bajo la galera que le sombreaba los ojos, exclamó, a la par que revoleaba la amplia capa negra:

-¡Distinguido público! ¡Damas y caballeros! ¡Esta tarde tendré el gusto de presentar a ustedes mi galera mágica! ¡Ya verán! Apenas la toco con mi varita, y... ¡Abracadabra! ¡Aquí tienen un conejo!

Y sí. De la galera apoyada sobre una mesa, el mago extrajo, en ese mismo instante, un gracioso conejito.

Me encantó.

Pero a mis tíos no. Y a las demás personas mayores que llenaban el teatro, tampoco. Tosecitas, carraspeos y susurros fueron la única respuesta al pase de magia, y mi aplauso fue interrumpido en la segunda palmada.

-¡Nena! ¡Shh! ¡No aplaudas! -me retó mi tía- ¡Este es un maguito de dos por cuatro!

"Dos por cuatro, ocho...", pensé, pero el mago ya estaba tocando otra vez su galera con la varita y lo que saldría de ella me interesaba mucho más que la tabla de multiplicar.

-¡Abracadabra! -y cinco palomas.

-¡Abracadabra! -y tulipanes.

-¡Abracadabra! -y una sombrilla.

-¡Abracadabra! - y un creciente zapateo comenzó a oírse por el teatro.

Pronto, se le agregaron silbatinas y palmoteos. Y expresiones de disgusto:

-¡Hace media hora que nos aburren con este fantoche!

-¡Basta de tonterías!

-¡Vinimos a un teatro, no a una fiesta de cumpleaños!

-¡Que empiece la obra!

-¡Somos gente grande!

-¡Somos gente seria!

-¡Hace rato que dejamos de ser chicos!

Sin perder la compostura ni la sonrisa, Jeremías dijo entonces:

-¡Distinguido público, mi función ha concluido!

-¡Bien! ¡Que se vaya de una vez! -gritaron algunos.

Pero Jeremías continuó hablando:

-Les ruego que disculpen mi torpeza. Soy el último mago que se atreve a actuar para un público adulto. Adiós.

-¡Abracadabra! -Ondas de fuego salieron del sombrero de copa.

Otro toque de varita y una enorme cabeza verde se asomó curiosa. Otro toque y un fantástico cuerpo de lomo dentellado emergió de la galera.

Otro toque más y más abracadabras y un gigantesco dragón sin alas saltó por fin sobre las primeras butacas de la platea, impulsando a todos los que las ocupaban a afinarse junto a las paredes. 

Por primera vez en esa tarde, las bocas quedaron abiertas. Como los ojos. Ni palabras ni pestañeos.

A un silbido del mago, el animal se echó mansamente a sus pies.

El viejo Jeremías lo montó entonces, tal como si fuera un tierno potrillito.

Nuevos movimientos de su varita y un camino verde como el dragón se desenrrollo por la sala del teatro. Y con la varita le puso manchones de cielo por arriba y retazos de césped por abajo. Y árboles a los costados. Y pájaros en los árboles. Y una lunita en el fondo, bien a lo lejos, tanto más luminosa que la que en ese momento empezaba a descolgar sus luces sobre las calles de la ciudad.

Y al encuentro de esa lunita inventada por él se fue Jeremías, montado sobre su fabuloso dragón. 

Claro que los espectadores nunca supieron si logró alcanzarla. Porque el mago corrió un telón alrededor de sí y toda la escena desapareció -tan pronto como había aparecido- al grito de: ¡Diente de cabra!

Enseguida y suavemente, el viento nos golpeó las caras con los nudillos de esa noche mágica.

Sí. Nos golpeó. A Jeremías y a mí. Porque yo también me trepé sobre el lomo del dragón y me fui con ellos.

De largas trencitas rubias y las rodillas al aire me fui.

Por eso, hoy -que ya soy tan grande como las personas que llenaban el teatro aquella tarde- puedo contarte esta historia.



Cap. 1 del libro Bilembambudín, de Elsa Bornemann

viernes, 24 de mayo de 2013

SEXA



 –Papá...
–¿Hummm?
–¿Cómo es el femenino de sexo?
–¿Qué?
–El femenino de sexo.
–No tiene.
–¿Sexo no tiene femenino?
–No.
–¿Sólo hay sexo masculino?
–Sí. Es decir, no. Existen dos sexos. Masculino y femenino.
–¿Y cómo es el femenino de sexo?
–No tiene femenino. Sexo es siempre masculino.
–Pero vos mismo dijiste que hay sexo masculino y femenino.
–El sexo puede ser masculino o femenino. La palabra "sexo" es masculina. El sexo masculino, el sexo femenino.
–¿No debería ser "la sexa"?
–No.
–¿Por qué no?
–¡Porque no! Disculpá. Porque no. "Sexo" es siempre masculino.
–¿El sexo de la mujer es masculino?
–Sí. ¡No! El sexo de la mujer es femenino.
–Y ¿cómo es el femenino?
–Sexo también. Igual al del hombre.
–¿El sexo de la mujer es igual al del hombre?
–Sí. Es decir... Mirá. Hay sexo masculino y sexo femenino, ¿no es cierto?
–Sí.
–Son dos cosas diferentes.
–Entonces, ¿cómo es el femenino de sexo?
–Es igual al masculino.
–Pero, ¿no son diferentes?
–No. O, ¡sí! Pero la palabra es la misma. Cambia el sexo, pero no cambia la palabra.
–Pero entonces no cambia el sexo. Es siempre masculino.
–La palabra es masculina.
–No. "La palabra" es femenino. Si fuese masculino sería "el pal..."
–¡Basta! Andá a jugar.

El muchacho sale y la madre entra.
El padre comenta: “Tenemos que vigilar a este chico...”.
–¿Por qué?
–Sólo piensa en gramática.

Cuento de Luis Fernando Verissimo, escritor y periodista brasilero.


lunes, 20 de mayo de 2013

El amor es esto


“Yo soy el invisible / anillo que sujeta / el mundo de la forma / al mundo de la idea. / Yo en fin soy ese espíritu, / desconocida esencia, / perfume misterioso / de que es vaso el poeta”. Cuando Gustavo Adolfo Bécquer buscó definir la poesía, eligió palabras como invisible anillo, idea, espíritu, desconocida esencia, perfume misterioso, es decir, términos que refieren a la imposibilidad de traducirla en definiciones precisas. ¿Qué reseñar al reseñar un libro de poemas? ¿Qué contar? Difícil responder estas preguntas, aunque vale la pena cuando la poesía es la de Mariana Chami en su libroEl amor es esto.
Mariana es una joven poeta, cuyos otros libros publicados son Territorio del cuerpo y Antes de mí. En esta oportunidad, el prólogo de Liliana Bodoc es la mejor puerta de entrada a los textos. Sumamente poético, nos habla de una tensión entre el afuera y el adentro: “mío es el silencio de la casa / como una marca de territorio /que siendo copia / parece auténtica”; y entre la mirada adulta y la de niña: “Vuelve a mí / el olor a baldosas mojadas / de aquel verano en la casa de Estomba”.
El amor es esto está escrito además –y aunque parezca una obviedad– con un lenguaje poético formado por todos los recursos literarios que suelen abundar en los poemas. Sin embargo, nada es trillado, porque el libro trae a la memoria diferentes vivencias en cada lector, lo remite a distintos sentimientos que surgen del poder evocador de la palabra cotidiana y despojada, pero profunda. Y esa evocación es posible porque, según Jorge Luis Borges (“El enigma de lo poético”), la poesía “no es algo extraño: está acechando […] a la vuelta de la esquina”.
Si como señalamos, hay un yo que mira, que recuerda, que reflexiona, también en los poemas surgen otras voces, otras presencias. Por momentos, estas se resumen en un nosotros que no disuelve a esa primera persona, sino que la contextualiza, la identifica y la individualiza frente a los otros, la redefine en un diálogo constante con aquellos que pueblan el afuera, pero que se interiorizan en el yo poético. Todo es afuera y adentro, pasado y presente, la búsqueda de ese lugar mítico en el que se puede ser lo que uno siempre soñó.
La puntuación justa, la cadencia de la palabra, el manejo del verso como unidad fónica son otros de los logros de Mariana Chami que se inclina por una poesía más bien clásica que nos recuerda al Machado que habla de su infancia o al Neruda del verso claro, pero trascendente.
Volviendo a Borges, él asegura que sabemos qué es la poesía. “Lo sabemos tan bien que no podemos definirla con otras palabras, como somos incapaces de definir el sabor del café, el color rojo o amarillo o el significado de la ira, el amor, el odio, el amanecer, el atardecer o el amor por nuestro país. Estas cosas están tan arraigadas en nosotros que sólo pueden ser expresadas por esos símbolos comunes que compartimos. ¿Y por qué habríamos de necesitar más palabras?”. No las necesitamos, porque más que hablar de El amor es esto, conviene leer el libro y asumir la cuota de poesía que habita en cada una de nuestras vidas.
Adriana Santa Cruz
Reseña del libro El amor es esto, publicada en leedor.com
http://www.leedor.com/contenidos/literatura/el-amor-es-esto-mariana-chami

martes, 14 de mayo de 2013

1916

22 de enero. (Villa Pauline, Bandol). Ahora, en realidad, ¿qué es lo que quiero escribir? Me pregunto, ¿soy menos escritora de lo que solía ser? ¿Es mi necesidad de escribir menos urgente? ¿Me sigue pareciendo natural continuar con esta forma de expresión? ¿Ha sido suficiente el lenguaje? ¿Deseo algo más que relatar, que recordar, que tranquilizarme?

Hay momentos en que estos pensamientos me medio asustan y casi me convencen. Me digo: estás ahora tan llena de ti misma, del placer de estar viva, de vivir, de aspirar a un mayor sentido de la vida y de un amor más profundo que se te ha consumido lo otro.

Pero no, en el fondo no estoy convencida pues en el fondo mi deseo de escribir nunca ha sido tan ardiente. Solo la forma que escogería para hacerlo ha cambiado totalmente. Ya no me preocupa la misma apariencia de las cosas. Las personas que vivieron y que yo deseaba llevar a mis relatos me dejan perfectamente fría. No pongo en duda que todas estas personas existen y que todas sus diferencias, complejidades y resoluciones son verdaderas para ellos, pero ¿por qué debería yo escribir sobre ellos? No los siento próximos. Se han cortado completamente todos los falsos hilos que me vinculaban a ellos.

(...) También quiero escribir poesía. En el umbral de la poesía me encuentro siempre temblando. El almendro, los pájaros, el pequeño bosque donde estás tú, las flores que no ves, la ventana abierta a la que me asomo, y donde sueño que te tengo apoyado en mi hombro, y las veces en que tu foto "parece triste". Pero sobre todo te quiero escribir un tipo de elegía larga... tal vez no en verso. Quizás, tampoco en prosa. Casi seguro será un tipo de prosa especial.

Y por fin quiero escribir una especie de libro de notas mínimas, para que se publique algún día. Eso es todo. Nada de novelas, ni relatos de problemas, nada que no sea simple, abierto.


Extracto del Diario de Katherine Mansfield, (DeBolsillo, 2011)