Mostrando entradas con la etiqueta Andres Lewin. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Andres Lewin. Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de enero de 2014

Sobre el libro La vida suspendida, de Andrés Lewin


¿Esa tarde o aquella mañana? ¿Acá cerca o más lejos? Espacio y tiempo, en este libro, no importan. Porque es aquí, allá y en todos lados donde la vida sin más queda suspendida.

Un pibito limpia los vidrios. Pausa. Un hombre abraza a su hijo. Pausa. Pirri hace un foul. Pausa. Amato Garrafa habla al micrófono. Pausa. Edelmiro corta naranja por naranja. Pausa. El vendedor de panchos un día se ilumina. Pausa. El regalador de sonrisas camina por los bosques de eucaliptus. Pausa. Manolo compra choclos. Pausa. Y otra pausa y otra más.

En ese devenir de interrupciones se construye un trayecto preciso: un movimiento sutil hacia el interior de la mirada de Andrés Lewin. Son pausas que funcionan como grietas que, por un instante, Lewin nos permite espiar y nos susurra: “Mirá, mirá, acá está la belleza, el tiempo, la poesía, el amor…”.

En algunos poemas, quizás sobre todo en la primera parte, el yo avanza como si fuera un transeúnte en la ciudad, en la vida misma. La mirada de Lewin acompaña lo que vemos y, al mismo tiempo, se desentiende de lo que no vemos, eso que cada lector completa en su lectura íntima y única: “Lo que mis ojos ven/ no es lo que miran tus ojos”.

En otros poemas, ya más hacia el final, aparecen el amor, los cuerpos, la búsqueda de la ternura. Poemas que exponen sin pudor todo lo que el yo mira y siente “en el fondo de todo lo que brilla”.

Don Pascual, Edelmiro, Martita, Francisco, Manolo, Darío, Mariana, Ricardo y más, los nombres propios se suceden, quizás como nunca en otro libro, porque hay necesidad de nombrar, de destacar que la vida cotidiana está llena de personas sabias, poetas, oscuras, luchadoras o bellas.

El uso de la repetición, una y otra vez, atraviesa todo el texto hasta el punto de sentir que, por momentos, uno escucha la propia voz del poeta que recita. En ciertos poemas, también aparece la pasión por el fútbol, esa pasión de multitudes que en este caso muestra su lado más personal, como Federico que, cuando llegan los penales, “apaga la tele/ duerme una siesta”.

El predominante uso del tiempo presente otorga y enfatiza ese cierto dejo atemporal, como si eso que ocurre en el poema se actualizara a cada instante, en cada lectura.

A modo fotográfico (o por qué no radiográfico) Lewin despliega todo su esplendor en un libro que, desde el principio hasta el final, manifiesta una simpleza profunda con frecuentes destellos de humor.

Y me detengo acá, en el “Hotel de mil estrellas”, donde La vida suspendida me despierta gratitud y alegría porque, como diría Katherine Mansfield: “En el umbral de la poesía me encuentro siempre temblando”.

MARIANA CHAMI
(Texto leído en la presentación del libro el 11/12/2013)

lunes, 9 de diciembre de 2013

La vida suspendida




Invitación especial para la presentación de La vida suspendida, de Andrés Lewin.

Los espero el 11/12 a las 20 h

¡Ojalá puedan venir!

miércoles, 8 de mayo de 2013

El ruido de los ríos


El juego de la vida

No sé qué pasó
con ese papelito
donde estaban las instrucciones.

......


Palabras

Cuando escribo la palabra árbol
yo no sé si es el árbol que vimos.

Cuando escribo la palabra cama
yo no sé si es mi cama que espera.

Y cuando escribo esto que te digo
yo no sé si sos vos la que lee.

......


Plaza de Mayo

Una noche
como cualquier otra:
caminás por el centro
escuchás rocanroles
mientras el Toti apila cajas
empuja su carrito
y Rodolfo duerme
a cuarenta y ocho pasos del Cabildo.

Me acerco:
¿Cómo le va don Rodolfo?
¿Qué hacés Toti?, vení
que los milagros cada tanto
suceden, y por suerte Güerrin
todavía está abierto (yo invito).

Moscato pizza fainá
soda.
La clave está en la soda:
que hincha, engorda
los cuerpos se transforman en burbuja
y volamos
nos subimos a la mágica alfombra
y volamos, volamos
hasta ese lejano lugar
donde abrigan las estrellas.

......


Simulacro de Haikus

El árbol 
nos mira
correr.

***

Las paredes
se caen.
Debe ser la humedad.

***

Es otra
la frecuencia
del grillo que canta.

***

Las cucarachas
respiran
nuestro mismo aire.

***

De cuadradito
en cuadradito
la vida del peón.

***

Monedas
cigarrillos
piden los locos.

***

Las palabras
no sirven para nada,
piensa el árbol.




Poemas del libro El ruido de los ruidos, de Andrés Lewin (2011, Ed. En el aura del sauce)