Mostrando entradas con la etiqueta El amor es esto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El amor es esto. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de mayo de 2013

El amor es esto


“Yo soy el invisible / anillo que sujeta / el mundo de la forma / al mundo de la idea. / Yo en fin soy ese espíritu, / desconocida esencia, / perfume misterioso / de que es vaso el poeta”. Cuando Gustavo Adolfo Bécquer buscó definir la poesía, eligió palabras como invisible anillo, idea, espíritu, desconocida esencia, perfume misterioso, es decir, términos que refieren a la imposibilidad de traducirla en definiciones precisas. ¿Qué reseñar al reseñar un libro de poemas? ¿Qué contar? Difícil responder estas preguntas, aunque vale la pena cuando la poesía es la de Mariana Chami en su libroEl amor es esto.
Mariana es una joven poeta, cuyos otros libros publicados son Territorio del cuerpo y Antes de mí. En esta oportunidad, el prólogo de Liliana Bodoc es la mejor puerta de entrada a los textos. Sumamente poético, nos habla de una tensión entre el afuera y el adentro: “mío es el silencio de la casa / como una marca de territorio /que siendo copia / parece auténtica”; y entre la mirada adulta y la de niña: “Vuelve a mí / el olor a baldosas mojadas / de aquel verano en la casa de Estomba”.
El amor es esto está escrito además –y aunque parezca una obviedad– con un lenguaje poético formado por todos los recursos literarios que suelen abundar en los poemas. Sin embargo, nada es trillado, porque el libro trae a la memoria diferentes vivencias en cada lector, lo remite a distintos sentimientos que surgen del poder evocador de la palabra cotidiana y despojada, pero profunda. Y esa evocación es posible porque, según Jorge Luis Borges (“El enigma de lo poético”), la poesía “no es algo extraño: está acechando […] a la vuelta de la esquina”.
Si como señalamos, hay un yo que mira, que recuerda, que reflexiona, también en los poemas surgen otras voces, otras presencias. Por momentos, estas se resumen en un nosotros que no disuelve a esa primera persona, sino que la contextualiza, la identifica y la individualiza frente a los otros, la redefine en un diálogo constante con aquellos que pueblan el afuera, pero que se interiorizan en el yo poético. Todo es afuera y adentro, pasado y presente, la búsqueda de ese lugar mítico en el que se puede ser lo que uno siempre soñó.
La puntuación justa, la cadencia de la palabra, el manejo del verso como unidad fónica son otros de los logros de Mariana Chami que se inclina por una poesía más bien clásica que nos recuerda al Machado que habla de su infancia o al Neruda del verso claro, pero trascendente.
Volviendo a Borges, él asegura que sabemos qué es la poesía. “Lo sabemos tan bien que no podemos definirla con otras palabras, como somos incapaces de definir el sabor del café, el color rojo o amarillo o el significado de la ira, el amor, el odio, el amanecer, el atardecer o el amor por nuestro país. Estas cosas están tan arraigadas en nosotros que sólo pueden ser expresadas por esos símbolos comunes que compartimos. ¿Y por qué habríamos de necesitar más palabras?”. No las necesitamos, porque más que hablar de El amor es esto, conviene leer el libro y asumir la cuota de poesía que habita en cada una de nuestras vidas.
Adriana Santa Cruz
Reseña del libro El amor es esto, publicada en leedor.com
http://www.leedor.com/contenidos/literatura/el-amor-es-esto-mariana-chami

miércoles, 27 de marzo de 2013

Álbum


Abre mundo
el instante exacto
donde madre
ha parido a madre.

La hija
mira sus manos
como un destello
donde ambas son
una sola silueta.

Así cada arruga
-dice la hermana-
oculta una historia.


*

¿Cómo es que nadie se ha percatado
de tantas mujeres?

Parece que antes
eran sólo tres.

En la casa de Beccar
dice la abuela
se hablaba alemán.

Rohr me lo ha contado todo
no es posible
en ningún documento aparece
pero muchos lo constatan:
la dureza es un bien de familia.


*

La abuela ordena:
tiene que brillar

no es de extrañar
que la plata oscurezca

insiste
de muchas maneras
sobre la limpieza

Rosel dice algo
sobre la platería
que nadie escucha

¿por qué tanto hincapié?

Si es un secreto
difícil de contar
que lo diga en alemán.

*

Hermanas

lo que no hablan
se cierra
y no regresa
nunca
de la misma forma

los ojos son parte
del secreto

no lo saben aún

a veces
el gesto de acomodarse
los anteojos o el cabello
sugiere la evidencia

nadie se da cuenta
hasta que el retrato
sin querer lo muestra:

hermanas de sangre

no se arruguen tanto
que vienen otras
a quitarles el lugar.

*

Como si nadie lo supiera
la vida es un pañuelo carmesí

en la diagonal de la infancia
mastican
abuela y nieta
la misma espina.

*


Una espina en la garganta
dijo la abuela
medio enrojecida
tan enojada

era chiquita la nieta
cómo va a entender
que primero el trabajo
y después el placer

pasaron quince años
y la espina
se quedó en el pecho
para siempre.

Poema del libro El amor es esto, de Mariana Chami (Ediciones del Dock, 2011)

martes, 6 de septiembre de 2011

El amor es esto por Liliana Bodoc

 
¡Una los puntos de esta poesía y encontrará una máquina de coser que ocupa media cocina!

“El amor es esto”, poesía para chuparse los dedos y también para encaramarse en las cimas humanas.
Lo dice la poeta “Tengo hambre y un dilema”

Leer y releer este libro me produjo la sensación de estar ante una naranja partida al medio. Una mitad “Nada fuera de nosotros”. La otra mitad “En el haz de la linterna”
Dos partes autónomas y, sin embargo, unidas por el aroma. Unidas también por el pellejo blanco, el amargo, el indispensable para sostener la unidad de la fruta.

“El amor es esto” propone un espacio de significados ambiguos y deshace las definiciones tranquilizadoras.
El amor es “esto”, ni más ni menos, lo único posible, lo que se salvó de la tempestad. Y porque es “esto” se hace contundente, apto para ser ofrecido y aceptado. 

No sé si acordarán conmigo, pero es solo decir “El amor es esto” y se ve la gestualidad que acompaña tal afirmación: Una mujer abriendo el cuenco de sus manos para mostrarnos, ¿ves?, es esto.

Celebro este libro, esta poesía que se entromete con el gran tema de un modo renovado y límpido.

Dicen las mujeres y los hombres de sabiduría que nos toca decidir entre el amor y el poder, enorme decisión para siempre.
Este libro se hace cargo y decide.
Claramente no lo digo por la temática, no solo por la temática.
Lo digo, en especial, por la estética de la poeta, alejada de todo autoritarismo, desprovista de doctrinas y, a cambio, plena de verdades.

Leer “El amor es esto” fue para mí como apretar las manos contra una taza caliente y sorber, sorber el alimento sustancioso antes de salir al mundo.

¡Una los puntos de esta poesía y escuchará carcajadas por las ollas quemadas, entenderá el alemán gótico, olerá té de manzanilla a gotas y tocará fantasmas..!
¡Una los puntos y obtendrá, al mismo tiempo, el silencio del ombligo y la música del lenguaje!

Somos mejores por esto.

Liliana Bodoc (mayo 2011)

lunes, 5 de septiembre de 2011

El amor es esto por Andi Nachon


Iluminar, hablar, ver:

Nadie se da cuenta
hasta que el retrato
sin querer lo muestra”


El amor es esto: esas lucecitas que se dejan en los cuartos infantiles, por la noche, casi una brújula para que la oscuridad no gane los sueños.  Y la vivencia de lo oscuro tiene tanto que ver con el tiempo sin tiempo de la conciencia: un territorio donde arriba-abajo, adelante-atrás dejan de ser coordenadas, cuando a la búsqueda o a la espera vamos. O yacemos. Una cabeza que caza historias en ese mecanismo de pregunta constante que es, y hace, a nuestras formas de hilar la experiencia. “¿Qué creías / que podías heredar / tan solo aquello que llaman sangre?


Sí, el amor sucede así: esa mano enciende una luz posible y, Mariana Chami tal vez diría, abre mundo / el instante exacto. Una zona sin hitos de pronto se despliega en espacio iluminado. Ese “más bien / develar el misterio / para revelar otro” que funciona a manera de faro para esta voz poética.


Como esa mano que deja en la noche una lamparita encendida, este libro hace que exista el haz de una linterna. Al vilo de su luz pálida transcurre un acontecer delicado. Cada poema da un pequeño salto, ir al encuentro de ese algo que late más allá del poema mismo. Cuando leemos, incesantemente se instala un fuera de cuadro, un leve desajuste de foco, se da luz por fragmentos, se deja a oscuras una estructura mayor que se intuye detrás. O alrededor. En el origen y en el fin de los poemas: “un corazón apretujado” o esa “pausa exacta / o no/ quién sabe”.  Por eso es necesario hablar, “volver a descubrir / los enigmas familiares / que perduran en mi cuerpo” asume las voz y se atreve al intento de una arqueología completa de la historia o al primer plano de esos labios que no ensayan ni una vez lo que confiesan.


Ante esto, pareciera que las experiencias a las que se intenta dar voz se fugaran, escaparan hacia delante o, a veces, se esfumaran hacia atrás. Dice: “un movimiento hacia atrás / y así como el cangrejo / quedo perpleja ante el regreso de nadie”. Una y otra y otra vez la voz va al encuentro de eso que no se logra aprehender, igual que en el juego de las burbujas y el deseo de atraparlas en el aire, al momento de tenerla entre las manos la burbuja ya no es. O: “como una linterna / que se apaga y se prende / cuando más la necesitás.”


Así, el ahora del amor es también el antes de otros amores que signan el propio cuerpo, la necesidad de nombrar. A veces, amar hoy, o ser quien enciende la luz para otro, permite rever la saga familiar: una madre ha parido madre. Otras, una imposibilidad actual resuena en aquellas imposibilidades que nos precedieron. No sólo sangre trata aquello que se hereda, por eso es preciso reconocer y aceptar: “lo que no hablan / se cierra / y no regresa / nunca / de la misma forma.”


Lo cotidiano es un rayo, su irrupción da luz, estruendo, arma esta extraña constelación propuesta por el libro de Mariana Chami. Bajo su reino se resignifican sucesos, el traspié de una espina hace al ahogo del presente, signa a la niña que enuncia a veces el cuerpo y la biografía de la mujer. Así, un linaje de damas fuertes escapa a los horrores de la historia. – ¿Es eso un origen?– podría preguntarse el yo de estos poemas. También se desliza la voz del misterio en el hombre de los discos y su partida como una respuesta que no termina de llegar. Por momentos,  el pasado pareciera instalar el lugar del inicio. Por momentos,  el presente es puro estado de inicio: “Sucio / punto de partida / el nuestro / quiebre del tiempo”.

A la manera de las películas de Ozu, el tiempo se dilata, se detiene o cruza en centella para acelerarse un momento y luego congelar una escena. Son eternas las arrugas en los ojos del amado, también es eterna esa dureza vuelta bien de familia. Un asunto de tiempo y destiempo, develar los enigmas entre dos, y nada y todo fuera de ellos, o revelar un instante la historia que nos conformó: “ no hay ficciones verdaderas / sólo quedan estrategias / para andar”.


El amor es esto: constelación de lucecitas tenues que titilan, nos atraen y luego se apagan. Para encenderse de pronto en otra posición, en otro lado. Si tuviera que pensar un trazo para este libro, elegiría esa forma sin límites precisos que hacen las madejas. Lana en las manos, cierta entrega absoluta durante la infancia, desmadejar, desembrollar y a la vez estar enredando. Porque estos materiales se alían unos con otros, se revelan, cobran otras texturas que a veces niegan cualquier orden. Ese todo sin forma y sin fronteras que es el amor: el gesto íntegro de la voz poética al atreverse, cada vez, a mirarlo. A no querer escapar / ni una vez / de lo que toca.

Andi Nachon (mayo 2011)

El sillón rojo



Fácil es no darse cuenta
de algunos detalles simples
tal vez
que los labios han dejado
de moverse como antes
sin formar ni un beso
siquiera

aun si encontrara el gesto aquel
que conocimos una tarde
mientras el libro caía
a la vereda o al colchón
no podría decir
las mismas palabras
que pronunciaron
te entiendo

si el calor
nos sofoca de tal manera
que ya no queda nada fuera de nosotros
entonces podés irte
lejos
tanto como puedas
porque es igual
aquí y allá
en cualquier isla

a veces el dolor
está ahí
acostumbrado
es abandono y es
extraño que te vayas
siempre al mismo sitio
como si no existiera
más que lo cierto entre nosotros

entonces otra vez
vuelvo a recorrer la casa
el sillón rojo
sus pliegues
y todo lo que somos

como dijiste
el amor es esto
y nada más.

                    de El amor es esto (Ediciones del Dock, 2011)