No tengo para ver solo los ojos.
Para ver tengo al lado como un ángel
que me dice, despacio, esto o lo otro,
aquí o allí, encima o más abajo.
Siempre soy el que ve lo que ya ha visto,
lo que ha tocado ya, lo que conoce,
no me puedo morir porque ya tengo
la muerte atrás, vestida como novia.
Voy entrando, de a poco, en lo que es mío,
en lo que ya fue, en lo que me nombra,
campos azules y altos hasta el pecho,
con el machete centelleante y rápido.
Veo cómo comienzan las naranjas
a nadar por el aire, a perfumarlo,
girando velozmente en sus semillas.
Veo moverse ese árbol, luego otro,
pierdo el sentido de mirar la vida,
me lleva el mar, el pecho hacia lo alto,
muevo el cielo en el puño como un poncho.
Me quieren despertar y estoy despierto,
no me pueden tocar, me aman, me gritan,
me lloran como a muerto y estoy libre.
Yo puedo separar filo y cuchillo,
guardar el uno y arrojar el otro,
terminar con un truco la semana,
pintar unas macetas de amarillo.
Yo tengo como un ángel que me dice
aquí o allí, más cerca todavía,
habla, calla, resiste, estira el brazo,
toca despacio todo lo que es tuyo.
De El nadador (1967), extraído del libro Obra completa de Héctor Viel Temperley (2003, Ediciones del Dock)
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martes, 28 de enero de 2014
jueves, 23 de enero de 2014
Cajones lustrados
Cajones lustrados,
cajones perfumados,
cajones con llavecitas...
Qué invento miserable
los cajones,
está pensando Aquél
que hizo este mar
y lo escupió de luz.
De Mare nostrum azul, extraído del libro Obra completa de Héctor Viel Temperley (Ediciones del Dock, 2003)
cajones perfumados,
cajones con llavecitas...
Qué invento miserable
los cajones,
está pensando Aquél
que hizo este mar
y lo escupió de luz.
De Mare nostrum azul, extraído del libro Obra completa de Héctor Viel Temperley (Ediciones del Dock, 2003)
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