jueves, 27 de octubre de 2011

Ernesto entintado


{{{ Tercera postal de Ernesto entintado, publicada por Abe´s Peanut. Ilustraciones de Fernanda Cohen y textos de Mariana Chami. Junio 2011 }}}

Versión completa: http://www.abespeanut.com/cohenchami2.1.html 

Info ilustradora: www.fernandacohen.com

domingo, 23 de octubre de 2011

LA OCTAVA ELEGÍA

                                                                                                                  Dedicada a Rudolf Kassner
Con todos los ojos ve la criatura
lo abierto. Pero nuestros ojos están
como al revés, y completamente en torno suyo,
la cercan como trampas, alrededor de su libre salida.
Sólo sabemos lo que hay afuera por la cara del animal,
pues ya desde el principio volteamos al niño
y lo forzamos a que vea de espaldas la creación,
no lo abierto, que en la mirada animal es tan profundo.
Libre de la muerte. Sólo nosotros la vemos;
el libre animal tiene su final siempre detrás
y delante de sí a Dios, y cuando anda, anda
en la eternidad, como andan las fuentes.
Nunca tenemos, ni siquiera un solo día, el espacio puro
delante de nosotros, donde las flores se abren
interminablemente. Siempre está el mundo,
y nunca ninguna parte sin no: la pura, la no vigilada,
la que uno respira e interminablemente conoce y no
anhela. De niño se pierde uno tranquilamente en ella
y nos despiertan a sacudidas. O alguien muere y ya.
Porque cerca de la muerte uno ya no ve a la muerte,
y mira fijamente hacia afuera, quizás con gran mirada
animal. Los amantes —si no estuviera el otro,
que obstruye la vista— se acercan y se asombran...
Como por equivocación, está abierto para ellos detrás
del otro... Pero ninguno avanza y el mundo se queda
de nuevo para él. Siempre vueltos hacia la creación,
vemos solamente sobre ella el reflejo de lo libre,
oscurecido por nosotros. O que un animal, mudo, alza
los ojos tranquilamente y ve a través y a través de nosotros.
Esto se llama destino. Estar en frente y nada más que eso,
y siempre en frente.
Si existiera una conciencia como la nuestra en el seguro
animal que viene hacia nosotros en otra dirección,
nos volcaría con su paso. Pero su ser es para él
infinito, inasible, no tiene vista hacia su condición; es
puro, tal como su mirada abierta hacia delante. Y donde
nosotros vemos el futuro, ahí él ve el todo, y a sí mismo
en el todo, y salvado para siempre.

Y sin embargo hay en el vigilante, cálido animal
el peso y la inquietud de una gran melancolía.
Pues él también siempre lleva consigo lo que a nosotros
con frecuencia nos abruma, el recuerdo,
como si el sitio hacia donde corremos como impelidos,
alguna vez hubiera estado más cerca, hubiese sido más
leal, su contacto infinitamente tierno. Aquí todo
es distancia, allá todo era aliento. Después
de su primer hogar el segundo es para él híbrido
y mudable. Oh, santidad de la criatura pequeña,
que permanece siempre en el vientre que la parió.
Oh, suerte del mosquito, que aun adentro retoza,
incluso en sus bodas: pues el vientre es todo.
Y mira, la media seguridad del pájaro que, desde
su origen, casi conoce ambas cosas, como si fuera un alma
de los etruscos, salida de un muerto, a quien
un espacio acogió, pero con la figura yacente como tapa.
Y qué perplejo está quien debe volar, y proviene
de un vientre. Como espantado de sí mismo, zigzaguea
en el aire, como cuando una grieta se abre en una taza.
Así cruza el rastro del murciélago la porcelana del anochecer.

Y nosotros: siempre espectadores, en todas partes,
¡vueltos hacia el todo, nunca hacia afuera! El todo
nos colma. Lo ordenamos. Se desintegra. Lo volvemos
a ordenar y nos desintegramos nosotros mismos.

¿Quién nos ha volteado así, que hagamos lo que hagamos,
mantenemos la actitud de alguien que se va? Como quien,
desde la última colina, que le muestra una vez más todo
su valle, voltea, se detiene, permanece un momento,
así vivimos nosotros, y siempre nos estamos despidiendo.

           Las elegías de Duino (1922), de Rainer Maria Rilke, versión de José Joaquín Blanco.

lunes, 10 de octubre de 2011

acontece & adoro

                                                                                                 Sao Paulo 2011



                Vou embora?
                    Nao, fique um poco mais.


                                                                                                            Fotos: Mariana Chami

sábado, 8 de octubre de 2011

viernes, 23 de septiembre de 2011

subrayado I

     "Después de tantas horas de caminar sin encontrar ni una sombra de árbol, ni una semilla de árbol, ni una raíz de nada, se oye el ladrar de los perros.
    Uno ha creído a veces, en medio de este camino sin orillas, que nada habría después; que no se podría encontrar nada al otro lado, al final de esta llanura rajada de grietas y de arroyos secos. Pero sí, hay algo. Hay un pueblo. Se oye que ladran los perros y se siente en el aire el olor del humo, y se saborea ese olor de la gente como si fuera una esperanza.
    Pero el pueblo está todavía muy allá. Es el viento el que lo acerca.
    Hemos venido caminando desde el amanecer. Ahorita son algo así como las cuatro de la tarde. Alguien se asoma al cielo, estira los ojos hacia donde está colgado el sol y dice:
    -Son como las cuatro de la tarde."

 "Nos han dan dado la tierra",  del libro El llano en llamas, Juan Rulfo (1953)





martes, 20 de septiembre de 2011

Algunos mercados


Intercambio de canela y durazno, con un poco de café, queso y pescado. Aromas y recorridos envuelven el paso lento y el ojo de la cámara. ¿Qué es lo que cautiva sino los colores? Parece ser la forma precisa y el orden, justo uno debajo del otro. Hacia arriba cuelgan los jamones, salamines y conservas. ¿Estás conmigo todavía? El carro de madera, descansa sobre el afiche de apertura: Mercado Municipal, abierto sólo por hoy. 
Sólo para mí, pienso, que estoy de paso por estos lados. Y el chico me ofrece la dulzura del mango y la papaya, para dejarme sola con la acidez del maracuyá. Las mandíbulas se acurrucan frente al estallido de sabor. El descosido dobladillo de mi pantalón sobre los charcos de lavandina que inundan el piso del mercado. Y entonces aparecen las calabazas y los pimientos. ¡Cuanta abundancia de colores! Otra vez los cajones, canastos y cajas en su perfecto orden. No estás en los ruidos del mercado. Ya te fuiste. Lo sé por la quietud de la balanza y también por eso que nadie se anima a probar.  
                                                                                             
 
                                               
El cartel luminoso centellea: no  hay nada más para ver.

martes, 6 de septiembre de 2011

El amor es esto por Liliana Bodoc

 
¡Una los puntos de esta poesía y encontrará una máquina de coser que ocupa media cocina!

“El amor es esto”, poesía para chuparse los dedos y también para encaramarse en las cimas humanas.
Lo dice la poeta “Tengo hambre y un dilema”

Leer y releer este libro me produjo la sensación de estar ante una naranja partida al medio. Una mitad “Nada fuera de nosotros”. La otra mitad “En el haz de la linterna”
Dos partes autónomas y, sin embargo, unidas por el aroma. Unidas también por el pellejo blanco, el amargo, el indispensable para sostener la unidad de la fruta.

“El amor es esto” propone un espacio de significados ambiguos y deshace las definiciones tranquilizadoras.
El amor es “esto”, ni más ni menos, lo único posible, lo que se salvó de la tempestad. Y porque es “esto” se hace contundente, apto para ser ofrecido y aceptado. 

No sé si acordarán conmigo, pero es solo decir “El amor es esto” y se ve la gestualidad que acompaña tal afirmación: Una mujer abriendo el cuenco de sus manos para mostrarnos, ¿ves?, es esto.

Celebro este libro, esta poesía que se entromete con el gran tema de un modo renovado y límpido.

Dicen las mujeres y los hombres de sabiduría que nos toca decidir entre el amor y el poder, enorme decisión para siempre.
Este libro se hace cargo y decide.
Claramente no lo digo por la temática, no solo por la temática.
Lo digo, en especial, por la estética de la poeta, alejada de todo autoritarismo, desprovista de doctrinas y, a cambio, plena de verdades.

Leer “El amor es esto” fue para mí como apretar las manos contra una taza caliente y sorber, sorber el alimento sustancioso antes de salir al mundo.

¡Una los puntos de esta poesía y escuchará carcajadas por las ollas quemadas, entenderá el alemán gótico, olerá té de manzanilla a gotas y tocará fantasmas..!
¡Una los puntos y obtendrá, al mismo tiempo, el silencio del ombligo y la música del lenguaje!

Somos mejores por esto.

Liliana Bodoc (mayo 2011)